viernes, 12 de julio de 2013

Crónica No. 1: ¿Qué se siente al ser un Iluminado?



MENTE MAESTRA, MAESTRO DE LA MENTE:
LAS CRÓNICAS DE NINSHOU – APRENDIZ DE SENNIN

MINDFULNESS Y KAIZEN
EN LA TRADICIÓN
DE MAMBA RYU

Érase una vez un joven senderista que sendereaba en busca de un auténtico sendero del Tao. Los años pasaron y los kilómetros sumaron, y los caminos del caminante le encaminaron por consultorios psicológicos y por cátedras psiquiátricas; por templos religiosos y por aulas filosóficas; le encaminaron por barracas de yoguis en los valles, y por chozas  de chamanes en las montañas; le encaminaron por seminarios y talleres en las ciudades, y por temascales y tamboreos en los desiertos, pero por más que acudía a todos éstos, a los supuestos sabios de la vida, su conocimiento siempre resultaba o bien ser limitado y difuso, o peor aún, impreciso e imperfecto, de tal modo que más que sabios dispensarios de sabiduría parecían sabuesos consumidores de su preciado tiempo y de su escaso dinero.
Pero en todas partes había oído rumores de la existencia de un Sennin, de aquel mítico ermitaño, maestro-hechicero del “nin” – del “espíritu bajo disciplina”, de quien se decía que había dominado las artes blancas y negras de la mente, que sabía el verdadero significado de la vida, y que había sondeado profundamente los secretos de los auténticos senderos del Tao.
Después de una larga travesía por falsos y decepcionantes caminos, por ilusorios y desilusionadores senderos, nuestro joven senderista, conocido como “Ninshou” – “el testimonio personal del testigo” – finalmente dio con el elusivo y misterioso Maestro Sennin.  
Este pequeño volumen es una breve colección de las conversaciones que Ninshou sostuvo con el Maestro Sennin durante su aprendizaje con él.



Crónica No. 1: ¿Qué se siente al ser un Iluminado?
Estaba Ninshou en la presencia del Maestro Sennin cuando le preguntó:
»    “Maestro Sennin, ¿qué siente al ser un Iluminado?”, preguntó Ninshou al Maestro Sennin a quien tenía delante de él en este preciso instante.
»    “Primero habría que determinar qué te hace pensar que yo sea tal cosa, ¿no crees?”, articuló el Maestro Sennin.
»    “¿Acaso no lo es?”, respondió Ninshou.
»    “Así es”, afirmó el Sennin, “pero no se trata de que yo lo sea o no lo sea, sino de que me expliques el razonamiento mediante el cual llegaste tú a esa conclusión. Cualquiera puede decir que es un Iluminado, que lo sea o no, es otra cosa; y el saber discernir entre un auténtico Iluminado y un fraude es todavía otra. Explícame entonces cómo llegaste a la conclusión de que soy lo que pretendo ser.”
Por unos momentos el joven quedó algo desorientado, sin poder responder, sin poder siquiera pensar. No solamente no era una pregunta que Ninshou había esperado que el Maestro Sennin le hiciera, sino que se dio cuenta de que, anticipando este encuentro, se había imaginado a sí mismo haciendo toda clase de preguntas pero nunca teniendo que dar respuestas a las del Sennin. Pero no por ello quedó sin responder, y una voz, que apenas Ninshou reconoció como la suya propia, dijo triunfantemente:
»    “¡Por sus frutos los reconoceréis!”
»    “¡Ajajá!”, prorrumpió el Maestro Sennin con tremendo entusiasmo. “Mateo 7:15: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.’ ¡Buena respuesta!”, exclamó el Maestro Sennin, impresionado por la perspicacia del joven, agregando: “Pero a ver, ¿por cuáles frutos reconoces al árbol aquí presente?”
»    “Sus frutos son sus obras, Maestro. Quien haya leído sus obras y no reconozca la autenticidad que se expresa detrás de sus palabras francamente no es digno de recibir sus enseñanzas”, respondió enfáticamente el joven candidato de aprendiz.
»    “¿No es digno de recibir mis enseñanzas? ¡Me agrada ese concepto! ¡Ah! ¡Si tú supieras entonces cuanta indignidad hay en el mundo entonces! ¡Jajajaja!”, comentó el Maestro Sennin, visiblemente divertido por la declaración del joven presente ante él. “Eso implica que me has leído.”
»    “Extensamente Maestro. Nadie podría describir las emociones y los pensamientos que Usted describe si no surgiera de vivencias propias. Sus enseñanzas son sus frutos, Maestro, frutos que provienen de un árbol que solamente puede entenderse en términos de su Iluminación. Sus poesías, sus ensayos, sus libros, todo apunta a lo mismo. No me cabe la menor duda de que Usted sea auténtico.”
»    “Entiendo”, comentó el Sennin.
»    “Por eso quise estudiar con Usted. He leído a muchos autores que profesan conocimiento espiritual pero pocos se declaran Iluminados y ninguno me ha demostrado serlo, ni por sus palabras ni por sus actos. ¿Cómo van a mostrarme el sendero a la Iluminación si ellos mismo ni siquiera lo han alcanzado?”
»    “Está bien entonces. Acepto tu buen razonamiento. ¿Qué es lo que querías saber?”
»    “Sí Maestro, dígame, por favor, ¿qué siente después de haber recibido la Iluminación, el Gran Entendimiento según la tradición de MAMBA Ryu?”, aclaró de nuevo Ninshou.
»    “Hmmm…”, murmuró el Maestro Sennin, frunciendo el entrecejo y frotándose los pelos de la barbilla de su barba de candado con la mano derecha, absorto en profunda reflexión. “Fíjate, ahora que me lo preguntas… me doy cuenta de que… cuando hace frío… siento frío. Hmmm…”, murmuró el Maestro Sennin de nuevo e igual de pensativo. “Y… cuando hace calor, siento calor”, respondió el Sennin puntualizando cada comentario apuntando hacia arriba con el dedo índice de la mano izquierda con tremenda seriedad. “Y cuando tengo hambre… ¡siento hambre! ¿Y sabes qué más?”, indagó el Sennin.
»    “Dígame Maestro”, preguntó Ninshou, algo perplejo, no sabiendo aún si el Sennin hablaba en serio o le estaba tomando el pelo. Había oído del humor seco del Sennin pero como esta era su primera audiencia con el ilustre Maestro no sabía exactamente qué esperar.  
»    “Te lo digo entonces. ¡Cuando tengo sed, siento sed! Cuando me canso, ¡imagínate!, ¡siento cansancio! ¿Sigo? ¿O te haces la idea?”, finalmente agregó el Maestro Sennin, sus ojos penetrando la mirada de Ninshou como oscuros luceros, el cual temía sonreír porque aún no lograba la máscara de seriedad que ocultaba el sentido humor del Maestro.
»    “No es esa la respuesta que buscaba”, respondió Ninshou algo decepcionado y después de una breve pausa para reflexionar su contestación.
»    “Entonces haz mejores preguntas”, respondió el Maestro Sennin alzando las cejas e inclinando la cabeza ligeramente hacia su izquierda. “Mis respuestas solamente son reflejos de tus preguntas.”
Ninshou, reflexionó profundamente sobre este último comentario del Sennin: ‘Entonces haz mejores preguntas.’ Conforme los segundos de silencio se iban acumulando, la mirada penetrante del Sennin iba endureciéndose visiblemente, y a medida que iba endureciéndose visiblemente la mirada penetrante del Sennin, Ninshou intuía que iba aumentaba su impaciencia, y a medida que iba aumentaba la impaciencia del Sennin, al menos según la percepción del joven, iba aumentando progresivamente la ansiedad del mismo. Ninshou sabía que tenía que aprovechar al máximo esta primera y quizás ultima oportunidad de convencer al Maestro Sennin de tomarle como aprendiz. ¡Tantos años en busca de un verdadero Maestro de la Mente, de una Mente Maestra, de un Sennin, para quedarse callado! ¿Pero qué hacer? ¿Qué decir? En un golpe de introspección que luego calificaría como ‘brillante’, Ninshou decidió que lo mejor era admitir su ignorancia:
»    “¿Maestro, cómo puedo hacer mejores preguntas?”
»    “¡Ajá! ¡Buen comienzo!”, exclamó el Maestro Sennin, cuyo rostro de inmediato suavizó, las líneas verticales de su entrecejo fruncido se trasladándose en las curvas de una sonrisa. “Piensa primero en cuál es el conocimiento que quieres obtener con tus preguntas. El conocimiento es el blanco, la pregunta es la flecha. Apunta bien la flecha y aumentarás las probabilidades de atinar con el resultado deseado.”
»    “¿Hay algún sentimiento o algún estado de ánimo que sienta un Sennin que no sientan el resto de las personas?”
»    “Vaya, resulta que sí eres mejor arquero de lo que dabas a entender. ¿Sabes lo que significad la palabra ‘inefable’?”
»    “Sí Maestro. Significa algo que no puede describirse con palabras sino que tiene que experimentarse en persona.”
»    “Dame un ejemplo de una experiencia inefable”, insistió el Sennin.
»    “¿Una experiencia inefable?”, preguntó Ninshou.
»    “Así es. Una experiencia inefable”, aseveró el Maestro Sennin, para luego agregar: “Te lo pongo más fácil. ¿Has estado enamorado alguna vez?”
»    “Sí, sí Maestro, lo he estado”, replicó Ninshou, algo ruborizado.
»    “¡Ajajá! ¡El que solo se ríe de sus picardías se acuerda! Por tu expresión veo que sí lo has estado. ¿Cómo describirías el sentimiento, la sensación, la experiencia de estar enamorado a alguien que nunca lo ha estado?”
»    “Pues es que estar enamorado es algo verdaderamente inefable, así que tendría que describirlo en términos de otra experiencia que ya conozcan”, razonó Ninshou.
»     “O sea, aproximación por analogía o quizás por metáfora. ¿Verdad?”
»    “Sí, Maestro. Creo que sería la única forma, aunque imperfecta, de comunicar una experiencia inefable a otra persona que nunca haya tenido esa misma experiencia”, concluyó el joven candidato de aprendiz de Sennin.
»    “Entonces, déjame que te pregunte lo siguiente: ¿cómo te sentías cuando estabas en los brazos de tu enamorada?”
»    “¿Cómo me sentía?”, preguntó Ninshou.
»    “Exacto. ¿Cómo te sentías?”, reiteró el Maestro Sennin.
»    “Pues no sé, me sentía como completo. Como si no me faltaba nada en el mundo. Como si todo lo que más me importaba lo tenía en ese momento y en ese lugar.”
»    “En ‘ese momento y en ese lugar’”, comentó el Sennin, agregando: “¿Estabas en el futuro o en el pasado?”
»    “¡Ni en el futuro ni en el pasado, Maestro, sino totalmente en el presente!”, exclamó Ninshou.
»    “¡Ajajá! O sea, en el aquí y en el ahora”, indagó el Maestro Sennin.
»    “Sí Maestro, en el aquí y en el ahora”, afirmó Ninshou.
»    “Pues en cierto modo estar Iluminado es como estar enamorado del presente mismo, del aquí y del ahora, de cualquier presente y de todo presente, puesto que el presente es todo lo que existe.”
»    “¿Enamorado del presente? ¿Pero Maestro, eso significa que no se ocupan del futuro?”
»    “En absoluto, solamente que no vivimos en el futuro – el futuro todavía no existe. Pero tampoco ignoramos el futuro – ¡a pesar de que todavía no exista! – ya que el presente que será nuestro futuro momento es el resultado de nuestras acciones, pensamientos, y emociones en este presente actual, de forma que tenemos que vivir en el presente actual para ocuparnos de los presentes futuros. Tampoco vivimos en el pasado puesto que tampoco existe, pero a pesar de no existir ese pasado es el camino que nos ha llevado al presente actual. ¿Me sigues?”
»    “Algo. No. La verdad es que no. ¿Cómo se puede vivir en el presente pero a la vez ser consciente del futuro?”
»    “Eso lo llamamos la Paradoja del Momento Presente o simplemente la Paradoja del Momento.”
»    “¿La Paradoja del Momento Presente?”
»    “Así es, la Paradoja del Momento Presente. Vivimos en el presente pero no para el presente. Estamos conscientes de que el presente se convierte inexorablemente en el futuro, pero a la vez sabemos que el futuro aún no existe, salvo en representaciones en nuestra imaginación. Solamente existe el momento presente. Y vivimos en el presente conscientes de que el presente es el resultado del pasado, que tampoco existe, salvo en forma alterada en nuestras memorias, las cuales también son el fruto de nuestra imaginación. Cuando un artista va creando su obra, tiene en el fondo de su mente siempre una idea, en su imaginación, por muy vaga e inconsciente que sea, de cómo va a ser el resultado de la misma. Así es, por ejemplo, como llega a saber cuándo está terminada. Pero la creación de la obra lo tiene que hacer en el presente, paso a paso, no en el futuro. En MAMBA aprendemos a ser los artistas de nuestras vidas, por eso mismo ponemos suma atención a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, y a nuestras conductas en cada momento presente, ¡y a manejar nuestra imaginación, tanto en la reconstrucción mental del pasado, en la construcción del futuro, y en la interpretación del presente! Cada uno de estos momentos presentes son como las pinceladas de un pintor, o las cinceladas de un escultor, actos individuales que se van sumando a lo largo de una vida para que al final dar la obra que somos nosotros mismos.”
»    “¿Convertirme en el artista de mi propia vida?”, murmuró Ninshou, absorto en lo maravilloso de esa idea.
»    “En el artista y en la obra misma”, aclaró el Maestro Sennin.
»    “¿Y qué se precisa para ello?”, preguntó Ninshou.
»    “Para manejar la vida, hace falta manejar la mente; para manejar la mente, hace falta manejar las emociones; para manejar las emociones, hace falta manejar los pensamientos – y los pensamientos no sin sino imaginaciones; y para manejar la imaginación hace falta conocerse y conquistarse; y para conocerse y conquistarse hace falta ser ambos un maestro de la mente, y tener una mente maestra”, anunció el Maestro Sennin.
»    “¿Entonces, para manejar la vida hace falta ser un maestro de la mente y tener una mente maestra?”
»    “Así he dicho y así es”, dijo el Maestro Sennin.
»    “¿Y para ser un maestro de la mente y tener una mente maestra?”, preguntó Ninshou.
»    “Para eso hace falta ser un Sennin.”
»    “Maestro, ¿y para lograr ser un Sennin?”, inquirió Ninshou nuevamente.
»    “Para eso hace falta seguir el Sendero de MAMBA”, concluyó el Maestro Sennin, sonriente.

1 comentario:

  1. Aqui andamos Shodai, yo tampoco me rajo todavía, a pesar de no dar el paso final en la metamorfosis, y seguir siendo una alimaña, o en el mejor de los casos, una larvga que no sale de su crisálida.
    Gracias por acercarme a esta información, que por lo menos me da una de las salidas a mi callejón, donde parece he establecido mi ¡no cómoda! pero casi resignada ultima morada. Gracias.

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