domingo, 14 de julio de 2013

Crónica No. 2: ¿Cuál es el primer paso?



Crónica No. 2: ¿Cuál es el primer paso?
Estaba Ninshou en la presencia del Maestro Sennin cuando le preguntó:
»    “Maestro Sennin, ¿Cuál es el primer paso que hay que dar en el Sendero de MAMBA?”
»    “¿El primer paso?”
»    “Sí Maestro. Me gusta ser metódico en todo lo que hago así que preciso saber cuál es el primer paso.”
»    “Jajajaja. Precisas saber cuál es el primer paso”, remarcó el Sennin, entretenido por su nuevo aprendiz. “¿Qué significa MAMBA?”
»    “En inglés es un acrónimo que significa: ‘Mastering the Art of Mind-Body in Action’, o sea, ‘amaestrando el arte de mente y cuerpo en acción’”, respondió Ninshou.
»    “Amaestrando el arte de mente y cuerpo en acción. Bien. Y… ¿Cuál es el primer paso en iniciar una acción?”
»    “Maestro, no entiendo la pregunta”, confesó el aprendiz totalmente perplejo.
»    “Escógeme una acción que te resulte familiar”, precisó el Sennin.
»    “¿No importa la acción que sea?”
»    “No importa, cualquiera, pero no lo pienses demasiado, el tiempo apremia”, insistió el Maestro Sennin.
»    “¡Correr! Me gusta correr, de hecho procuro trotar todos los días para mantenerme en forma.”
»    “Bien, muy bien. A tu edad yo también procuraba correr todos los días. Jejejeje. Pero Ninshou, cuando comienzas a correr, ¿qué es lo primero que mueves, el pie, la rodilla, el muslo, la cadera, las manos, los codos, los hombros?”
»    “No entiendo la pregunta Maestro”, respondió de nuevo el joven aprendiz de Sennin.
»    “¿No entiendes la pregunta o no sabes la respuesta?”, insistió en saber su maestro.
»    “Si la pregunta es cuál de las partes de mi cuerpo muevo primero cuando empiezo a correr… entonces creo que lo que pasa es que no sé la respuesta. Nunca me lo había propuesto. ¡Cuando me pongo a correr simplemente corro!”, confesó el joven aprendiz algo avergonzado.
»    “Está bien Ninshou. Entonces ve y discurre, y regresa cuando tengas una respuesta.”

Ninshou salió al parque delante de la pequeña casa donde se encontraba en sesión con el Maestro Sennin, y se puso a iniciar la acción de correr, acción que había realizado miles de veces desde niño, y que practicaba todos los días pero al cual nunca había puesto este tipo de atención.
»    “¿Qué es lo que va primero? ¿Los pies? ¿Las rodillas? ¿Las manos?”, se cuestionaba Ninshou en voz alta, pero por mucho intentaba discernir la respuesta no lo lograba. Finalmente una niña que le estaba observando en el parque le llamó la atención:
»    “¡Oye chico!”, exclamó la muchacha.
»    “¿Sí?”, respondió Ninshou algo molesto por la interrupción y más aún por ser reducido un adolescente.
»    “¿Estás loco?”, preguntó cándidamente la niña.
»    “¿Cómo que si estoy loco?”, respondió Ninshou, ahora encima de molesto, indignado.*
»    “Sí, te veo que hablas solo, empiezas a correr, te paras, das media vuelta, agitas la cabeza… Pareces un loco de esos que salen en la televisión. Mi madre dice que los que hablan solos están locos – ¡igualitos que tú!”, agregó la niña en son de burla.  
»    “No, no estoy loco. Déjame en paz”, respondió Ninshou, bastante frustrado.
»    “Pues pareces estar loco”, insistió la niña.
»    “¿Me quieres dejar en paz? ¡No estoy loco! ¡Estoy ocupado!”, exclamó Ninshou.
»    “Ya lo veo. ¡Estás ocupado haciendo el loco! Creo que voy a ir a mi casa a decirle a mi madre que hay un loco en el parque que habla solo y que me ha asustado y que debería llamar a la policía”, amenazó la chiquilla.
»    “¡No estoy haciendo el loco! ¡No te estoy asustando! ¡Solamente estoy haciendo una tarea para mi maestro! ¿Te vale?”, pronunció Ninshou, cada vez más exasperado.
»    “¿Una tarea?”, curioseó la muchacha.
»    “¡Aush! ¡Sí! ¡Una tarea!”
»    “¡Me da igual! ¡Si no me dices de qué se trata me voy a denunciarte por loco!”, afirmó la muchacha.
»    “¡Está bien! ¡Está bien! ¡Tú ganas! Estoy tratando de ver qué es lo que se mueve primero en mi cuerpo cuando comienzo a correr. ¿Contenta?”, preguntó Ninshou, esperando que la chica ya le dejara en paz para poder continuar con esta tarea que le había impuesto el Maestro Sennin.
»    “¡Qué interesante! ¡A ver! ¡Échate a correr y yo te digo!”, insistió la niña con sumo entusiasmo.
Ninshou, que no quería perder más tiempo discutiendo, simplemente se echó a correr varias veces con la niña le observándole detenidamente, finalmente diciendo:
»    “¡Oye niño, es que no hay nada que se mueva primero!”
»    “¿Niño?”, respondió Ninshou, todo indignado.
»    ¡Bueno, perdona, lo que seas! ¡No se mueve ninguna parte primero, sino que todas se mueven a la vez: los pies, las manos, los hombros, las rodillas…!”, insistió la pequeña.
»    “¡No es posible! ¿Si no hay nada que se mueve primero entonces como es que avanzo?”, inquirió Ninshou antes de pensar.
»    “¡Antes sí pensé que eras loco, pero ahora resulta estaba equivocada: lo que eres es bien tonto! ¡Todo se te mueve a la vez!”
»    “¿Nada se mueve primero, pero todo se mueve primero?”, preguntó Ninshou más bien para sí que para la muchacha.
»    “Pues sí”, clarificó la chica.
»    “¡Nada y todo! ¡Todo y Nada! ¡Claro! ¡Esa es la respuesta! ¡Todo y Nada! ¡Gracias niña!”, exclamó Ninshou, a punto de abrazar a la pequeña pero deteniéndose a tiempo para no cometer una posible insensatez por malinterpretarse su entusiasmo del momento.
»    “De nada. ¡Pero sigues siendo un tonto!”, gritó la niña conforme Ninshou se alejaba corriendo.
Conforme corría a toda velocidad para encontrarse con su maestro y reportar ‘su’ descubrimiento se dio cuenta de la habilidad del Sennin al ponerle un acertijo, pero no intelectual, como los acertijos de las revistas, ni siquiera intuitivo, como los koans del Zen, sino perceptual. Para resolver había que poner atención al ‘todo’ sin dar prioridad a las ‘partes’; algo así como observar el bosque sin perderse en los árboles. Pero le inquietaba que fuera una niña y no él quien lo resolviera. “¡Esto hay que tratarlo con el Maestro!”, pensó Ninshou.
Pero cuando Ninshou regresó al salón donde había dejado a su maestro, éste, en vez de estar inmediatamente disponible para atenderle, estaba sentado en meditación en una esquina de la sala, cara a la pared. Sobre la mesa habían unas hojas impresas, engrapadas en una esquina y con un papelito de colores pegado al frente que decía: “Ninshou: ¡LEE!”. Silenciosamente para no molestar a su maestro, Ninshou se sentó a la mesa y comenzó a examinar el contenido de las hojas que resultaron ser una bella poesía:

Soy el Todo, soy la Nada – RELOADED
3 de agosto, 2012

Soy…
Soy el dolor en la zancada
Soy el sudor que me empapa
El calor que me atrapa
Y el sol que me castiga
Soy el viento que hostiga
Soy… el polvo que me invita y afronta
El desafío que me reta
Soy el camino y la meta
Soy presa y manada
Soy el Todo
Soy la Nada

Soy…
Soy el arco que se tensa
Soy la flecha que cobra vida
Y el espacio que se estrecha
Soy el blanco enrojecido
Soy el herido que expira
Y la sangre que transpira
Hacia la muerte anunciada
Soy el toro de lidia
Soy la espada que lo acaba
Soy el Todo
Soy la Nada

Soy…
Soy la punta de la daga
Soy la mano que la empuña
Soy la misma estocada
Soy la piel, la carne penetrada
Soy la agonía de la herida
Soy la amante querida que llora desconsolada
Soy la mirada de asombro
Ante la batalla perdida
Soy la despedida, la sonrisa de victoria
Soy la gloria de la despachada
Soy el Todo
Soy la Nada

Soy…
Soy la llama caliente
Y la carne que siente el calor
Soy el ardor de la picada
Soy el escorpión y su aguijón
Soy el verso
Y la inspiración del poeta
Soy el espíritu de la guerra
Soy la desgracia que conlleva
Soy el arrojo que la provoca
Soy lo que el amante toca
Sin que le llegue el abrazo
Soy… los de abajo
Soy su miseria
Soy la fantasía de la escapada
Soy el Todo
Soy la Nada

Soy…
Soy la inocencia perdida
Soy la mordida que te cuesta
Seguir por tu camino.
Soy el olor del barrio en la calle
Soy el estalle en la noche
Del gatillo apretado
Soy la conciencia tranquila del vengado
Soy la desesperación en su retirada
Soy la nevada en la noche serena
Soy la luna
Soy el grito de silencio
Del alma atormentada
Soy la isla, el mar
La cima y la hondada
Soy el Todo
Soy la Nada

Soy…
Soy el azote del látigo
La cadena cargada
Soy la marcha forzada
Soy el relincho del mustango
Y el fango en el que caí
Soy el ascenso hasta la altura
Soy la cordura que cedí por el sendero
Soy las botas que marcan el camino
Soy mi destino
Soy la impresión de la mano
En la cueva que exalta su existencia
Desde el olvido de la prehistoria,
Soy la memoria del primero beso
Que aún no recibo.

Soy las alas rotas de la Monarca
Que por momentos me acompaña,
Negra y anaranjada.
Soy la zancada que me duele
Soy el tiempo que se agota
Soy la gota de sudor que me traza
El infinito en la frente
Soy el secreto irreverente
de la vida que inspiro
Soy la muerte latente
Que me espera acechada.

Soy todo lo que soy;
y aun siendo el Todo
Soy… la Nada.
Por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
Ninshou, que hace unos momentos estaba tan ilusionado puesto que había descifrado, o más bien la niña había descifrado para él, el acertijo de la acción, se quedó perplejo – el gozo de haber resuelto un enigma se hundía en el pozo del siguiente.
Los minutos pasaron silenciosamente mientras que Ninshou se encaraba ahora con un problema que ni siquiera se había formulado. “Que lo lea dice la nota”, pensó Ninshou, “¿Y luego?” Así que no sabiendo qué hacer exactamente y no queriendo perder el tiempo se puso a leerla de nuevo, y luego a buscar semejanzas entre las ideas descritas, y luego oposiciones entre las ideas descritas, y luego patrones entre las ideas semejantes y las contrarias, y así sucesivamente hasta que una voz que retumbaba desde la esquina de la sala irrumpió su intricado proceso cognitivo para preguntarle:
»    “¿Qué sientes?”
»    “¿Cómo?”, preguntó Ninshou algo desorientado.
»    “¿Qué parte exactamente de ‘¿qué sientes?’ no comprendes, el ‘qué’ o el ‘sientes’?”, agregó la voz, aún sin desplazarse el dueño ni un milímetro de su lugar.
»    “¿Con respecto a?”, preguntó Ninshou con una cierta estrechez detectable en su tono. 
»    “Al momento presente”, respondió la voz.
»    “Me siento frustrado, Maestro”, admitió Ninshou.
»    “¿Frustrado? ¿Y por qué frustrado?”
»    “Porque no sé lo que Usted espera de mí. El mensaje dice ‘LEE’, pero nada más. He estado dando vueltas tratando de interpretar la poesía para ver si tenía un mensaje especifico, o un patrón en particular, pero como no sé lo que Usted quiere no sé si lo estoy haciendo bien o mal”, expresó Ninshou, tanto su sinceridad como su frustración desencanto consigo mismo eran palpables. 
»    “Entiendo. Háblame del ejercicio en el parque. ¿Tuviste resultados?
»    “Sí Maestro”, respondió Ninshou, y luego contó a su Maestro lo sucedido con la niña y confesó, muy apenado, que fue ella y no él quien resolvió el enigma.
»    “¡Jajajaja!”, respondió el Maestro Sennin, todavía sentado en su postura de meditación, sus hombros brincando y cayendo debajo del jorongo que portaba.
»    “¿Será Maestro que no soy apto para llegar a ser tener una mente maestra y ser un maestro de la mente?”, preguntó Ninshou son suma humildad y desesperanza en su voz.
»    “¡Vamos Ninshou! ¡No seas tan dramático! ¡Esto ni es el teatro ni se admite autoconmiseración! La niña al ser niña mostró lo que llamamos ‘shoshin’, o sea, ‘mente de principiante’. Los principiantes a veces ven las cosas sin los prejuicios del experto. Cuando somos expertos en algo es que hemos acumulado reglas heurísticas, que son estratagemas intelectuales o intuitivas, para resolver problemas propios de ese dominio. Es como el gran maestro de ajedrez que ‘lee’ el tablero de acuerdo a su experiencia. Pero a veces es importante experimentar las cosas libres de tales perspectivas ya que pueden ser perjudiciales a nuestra creatividad o a nuestra capacidad de ver nuevas posibilidades. Usando shoshin podemos experimentar las cosas como las hace un niño, sin esquemas clasificadoras, sin prejuicios, sin expectativas previas, y acercarnos mejor a la ‘realidad objetiva’ del objeto, del estímulo o del evento”, explicó el Maestro Sennin, añadiendo: “Procura anotar los detalles de tu interacción con la niña en el parque y de tus pensamientos y reacciones. Ahí está la verdadera enseñanza.”
»    “¿La verdadera enseñanza? No entiendo Maestro”, respondió Ninshou.
»    “En MAMBA las enseñanzas del maestro no se aprenden cuando se reciben.”
»    “¿No?”, inquirió Ninshou, perplejo.
»    “No, joven Ninshou”, replicó el Maestro Sennin.
»    “¿Entonces cuando se aprenden?”
»    “¿Cuándo recibiste mi enseñanza sobre el Todo y la Nada?”, preguntó el Maestro Sennin.
»    “Pues cuando Usted me la dio, ¿no?”,
»    “No. Lo que recibiste fueron unas palabras cuyo verdadero significado no entendiste. La enseñanza auténtica se recibe cuando se tiene una comprensión de la misma, cuando se convierte en experiencia. Son como minas que se plantan en la mente del alumno para que bajo las circunstancias apropiadas estallen y le impartan una sabiduría. En MAMBA las enseñanzas son sabiduría, y la sabiduría se vive, no se recibe sin vivirla. La mina es una bomba, pero solamente en potencia, en la misma forma que una semilla es un árbol en potencia. La comunicación del conocimiento es solamente el principio, sin la experiencia correspondiente las enseñanzas no se reciben. Aquí en MAMBA impartimos enseñanzas de sabiduría, no solamente de conocimiento. Sin la experiencia las palabras se quedan como dedos que apuntan a la luna, pero hasta que no sigas la dirección del dedo, es decir, hasta que no apliques su guía, nunca vas a ver la luna a la que apuntan”, explicó el Maestro Sennin.
»    “Entiendo Maestro. Gracias. Pero tengo una duda”, anunció Ninshou.
»    “¿Solamente una?”, respondió el Maestro Sennin.
»    “Bueno, no muchas, pero una que de momento me queda más pendiente que las demás”, aclaró Ninshou.
»    “¿Y cuál sería esa?”

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